Estaba supuesta a venir el 13 de septiembre pero como coincidió con la crisis de los Balseros, el Presidente Clinton cambió los vuelos a tres por semana y mi vuelo fue cambiado para el 15. Mi visa se vencía el 15 de septiembre a las 12:00 a.m. (esa es otra historia) Ya se imaginarán el nerviosismo que tenía. El muchacho que revisaba los documentos en el aeropuerto al darse cuenta de que ese día vencía mi visa, jocosamente me dijo; “Y si te digo que el vuelo no sale” a lo que yo contesté, “Pues sencillo, aquí me dará un infarto”. Se rió y me mandó a la ventana de inmigración.
No quise que nadie me despidiera, la noche anterior hicimos una reunión en casa y ahí me despedí de todos. Deseaba que la transición fuera lo más smooth posible. Una vez en el avión ya no había marcha atrás. La emoción que sentía es casi indescriptible, al menos yo no encuentro palabras para explicar. Mezcla de muchas cosas. Mi viaje fue ese que de verdad es sin regreso.
Me fui para no volver, estaba hastiada de todo, absolutamente todo. Además en inmigración se encargaron de recordármelo una y otra vez (esta también es otra historia).
Cuando el avión llego a Miami, todos aplaudieron, yo no, yo lloraba por todo lo que dejé atrás. Cuando salí del avión recordé las palabras de mi tío: “Macunda cuando salgas de aquí y cuando llegues allá, sal con el pie derecho” y eso hice, premeditadamente, salí con el pie derecho.
Aquí me esperaba mi nueva familia. 15 de septiembre de 1994 comenzó mi nueva vida. Hoy es mi segundo cumpleaños.
Niurki

DOS O TRES DÍAS DESPUÉS DE LLEGAR